Y todo parecía un cuento de hadas...
Y todo parecía un
cuento de hadas…
El aire olía a ozono, pero daba igual que su rostro recibiera las gotas que caían del nublado cielo, pues su cielo era azul, brillante, cálido, y el aroma, agradable, como siempre que se anticipa la lluvia… Hacía frío, sí, pero cuando el corazón está lleno de calor, no se siente la temperatura exterior, es algo banal, pasajero…da igual…el caso es que todos los problemas parecían resbalar como la lluvia en su impermeable. Aparentemente, todo iba bien, el sol brillaba, las noches eran cálidas…nada entristecía su mirada.
Las ninfas acompañaban su caminar, lanzaban flores a su paso, cubrían sus cabellos con hojas y frutos silvestres…la menta se enredaba en sus pupilas, y la hierbabuena, actuaba de su perfume. Era septiembre, las moras empezaban a endulzar en las zarzas los paseos de los caminantes, los colores empezaban a buscar la tierra, abandonando el sol abrasador…la estación estaba cambiando, y en su interior, también parecía haber una diferencia, tímida, pero diferencia, al fin y al cabo…
Pero de pronto, un día, llegó el frío, un frío helador, que ni su corazón conseguía paliar. Ese día, el ambiente estaba cargado, la ciudad había dejado de ser el bosque de los duendes, las bayas eran colillas en las aceras, no había ninfas, ni flores, ni olores dulces…de hecho, nada estaba dulcificado. Quizá todo había sido un sueño, una fantasía…las hadas no existen…pero se negaba a creer que podría empeorar todo de nuevo, como estaba antes de sus paseos a la luz de la luna, guiada por las luciérnagas…no podía volver a la oscuridad, a la “nada” de la que con tanto esfuerzo había conseguido salir…Entonces, empezó a sentir miedo…
Y todo parecía un cuento de hadas…


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