El Rincón de la Luna Oscura...

Cuando la noche se hace tu compañera...Cuando las ideas, que llegan a tí en un rapto de de los dioses, se agolpan en tu mente...Cuando las lágrimas quieren instalarse en tus pupilas...Siempre podrás recurrir a aquestos lugares...Siempre te quedará El Rincón de la Luna Oscura...

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Lugar: Madrid, Spain

Estudiante de Historia del Arte

martes, julio 25, 2006

Crónica de una muerte anunciada...


Te conocí por casualidad, una noche en la que me sentía perdida, y mareaba los hielos de mi whisky, mientras miraba fijamente las botellas al otro lado de la barra. La música sonaba muy alta, y yo estaba embotada…demasiado como para poder fijarme en quien me rodeaba. El pub estaba en su mejor momento de la noche, atiborrado de gente, y tú, volviendo del baño, me rizaste la espalda en un intento de volver hacia tu mesa. Yo me di la vuelta, medio enfadada, medio sorprendida de que alguien me rozase, de que sintiese que había algo más además de mi misma, y mi vaso ahogado en lágrimas. Y te vi… vi tu sonrisa de disculpa…y sonreí, aceptando tu gesto. Cuando tus ojos se clavaron en los míos, el tiempo se paralizó, nada tenía sentido…tan sólo tu mirada…mi mirada…nuestra mirada…

Todo empezó con una sonrisa de disculpa, y ha de acabar igual. Sé que he hecho mal, que no debí dejarme llevar, pero mis ojos te pidieron cariño, y los tuyos, me pidieron a mi comprensión. La mirada duró horas, y antes de que fuera consciente de ello, tus labios rozaban tímidamente los míos. Lo que mi piel sintió en aquel momento….es indescriptible… Sólo existíamos tú y yo, el resto del mundo, ¿qué importaba? Me acariciaste suavemente la mejilla, mientras me volvías a mirar. No habíamos cruzado palabra alguna, no sabíamos nuestros nombres, pero en cierto modo, nos conocíamos…nuestros ojos así lo establecían.

Han sido muchas las noches en que esta escena se ha repetido desde entonces. Lo desconocido es atrayente, y por eso nos dejábamos llevar…yo mareando mi whisky, tú rozándome la espalda mientras volvías del baño. De nuevo una mirada intensa, de nuevo, un beso, de nuevo, una caricia…y nunca nada más. Pero un día, ni tú ni yo aguantamos, y decidimos dar un paso adelante en nuestro particular teatrillo de marionetas. Me cogiste de la mano, y yo asentí. Salimos del pub, y nos dirigimos a una oscura calleja. Yo no sabía cuáles eran tus intenciones, podrías haberme hecho cualquier cosa….y de hecho, así fue, pero poco me importaba. Lo único que tenía sentido para mi era nuestra actuación diaria. Todo tenía significado para mí…

Tu tez, pálida, nívea, estaba fría. Me llamó la atención, pero era Diciembre…¿qué se podía esperar? Yo sería un carámbano si no estuviera a tu lado. Tus ojos, más claros de lo normal. Pero yo siempre había pensado que era un efecto de la luz que irradiabas. En el callejón, te brillaban más que nunca. Tus labios dibujaban un gesto de placer, pero a la vez de impaciencia, de excitación…los míos sólo eran capaces de buscarte, mientras nos acariciábamos en la oscuridad. Una fría lluvia empezó a caer, mojando nuestra piel, empapando nuestro pelo…tu melena azabache se pegaba a tu espalda, mi recogido se deshizo, y, meciéndose ondulado entre tus dedos, fue rizándose cada vez más. Tú me envolvías con tus brazos, yo, con mi mirada…el vestido blanco, pegado a mi cuerpo, mojado, dejaba entrever mi figura. El frío me dominaba, pero en el fondo no lo sentía. Tú me mirabas con ternura y, quizá, con deseo, no lo sé…quizá simplemente yo quería que me mirases así. El caso es que me mirabas…y cuando te fijabas en mi pecho, tus ojos brillaban más aún. La lluvia seguía cayendo, pero nosotros no la sentíamos, no la oíamos.

De pronto, empezaste a besarme el cuello, con dulzura al principio, pero pronto tu instinto te ganó la partida. Todo mi cuerpo se estremeció ante tu arrebato, y se dejó llevar…pero no sentía el peligro. Antes de que me diera cuenta, sentí un aguijonazo. Tus labios habían servido de avanzadilla hasta (ahora lo sé) que actuaron tus afilados colmillos. El dolor fue intenso, el placer…¿cómo explicarlo? Sabía que iba a morir, pero si era entre tus brazos, qué mas daba que me quedase sin sangre… Asentía cada latido de mi corazón, como si estuviera ante una macabra danza de tambores. Ahora, más que nunca, el tiempo se paralizó, la lluvia cesó en su empeño de arrastrarme con su embrujo…el único embrujo que me envolvía, era el tuyo. Entonces, temblando, te retiraste de mí. Yo estaba muy débil, y tú, a sabiendas, me cogiste en brazos. Ni siquiera tenía fuerzas para agarrarme a tu cuello…mis brazos caían, inertes, a lo que me parecía el vacío. Antes de desmayarme, noté tu mirada, sumida en un mar de lágrimas, clavándose en mi sangrante cuello. No sé cómo, pero la entendí…”Dios mío…qué he hecho…” Intenté acariciarte, sonreírte, decirte que no me importaba, que en el fondo, esto era mi sueño…siempre había querido ser como tú (qué ingenua era). Pero fui incapaz. El sopor de la muerte empezaba a envolverme. Mi cabeza caía, en una incómoda postura, anticipando mi desfallecimiento. Tú llorabas, yo asumía mi destino…

Cuando desperté, el tacto de las sábanas de satén negro era distinto. La luz de la vela, sencillamente, me fascinaba. El perfume de la rosa que habías dejado sobre mi pecho, me embriagaba más que cualquier licor que hubiera bebido en vida…Pero todo parecía un lejano sueño. No podía ser real. Cuando volviste, sonreíste aliviado al verme “sana”. Yo, recordando nuestro teatrillo en el pub de cada noche, te devolví la sonrisa. Te sentaste a mi lado, acariciando mi cintura. El escalofrío…cerré los ojos, y sentí, con mi nuevo don, tu mano sobre la seda del camisón. El dosel, tapado con terciopelo rojo, nos mantenía alejados del resto del mundo. Sólo estábamos tú y yo…y la rosa sobre mi pecho. Te inclinaste sobre mi rostro, y me besaste en los labios. Tu lengua me acariciaba, y un sabor, distinto a todo aquel que recordaba, se apoderó de mi gusto…de pronto entendí todo, te conocí realmente, pues tu sangre me dejó hacerlo. Llevabas sólo desde principios del siglo XIX. ¡Cómo no había percibido antes tu aire decadente, tu romanticismo! Sólo veía una melena recogida en un lazo, y una levita, pero pensaba que era tu atrezzo, al igual que mi vestido blanco, virginal, y mi capa de terciopelo negro…

Ahora era como tú, y me sentía dichosa. Tú me pediste perdón con la mirada, yo, te di las gracias. La complicidad que sentíamos en ese momento me cegaba. Pero ahora, años después…Lo siento, mi príncipe oscuro. He de despedirme de ti. No puedo soportar seguir viendo cómo se marchitan mis seres queridos. La eternidad es un tormento. A veces te odio por lo que me hiciste, pero tampoco te lo puedo reprochar. Sé que te sentías sólo, y que necesitabas un vínculo con el nuevo siglo. Pero escogiste mal, porque no sabías que yo acabaría enloqueciendo de pánico, pánico a perderte, pánico a perder mi identidad, pánico a perder a mi familia….Pánico, en definitiva, a tener que hacer lo mismo que me hiciste tú, y a escoger mal, como escogiste mal tú.




Por eso me voy, quiero dormir bajo el manto de hielo, y congelar en mi memoria ese instante en que, indefensa, fui tuya en un callejón oscuro, cercano a nuestro teatro de marionetas particular…

sábado, julio 22, 2006

You don't see me at all...



Una fría llovizna cubría la noche. La luna, llena en todo su esplendor, eclipsaba la luz de las estrellas. El cielo vigilaba una figura solitaria, a orillas de un oscuro lago. Esa figura, vestida con su ceñida levita, jugaba con el florete que llevaba colgado del cinturón. Habían empezado a ponerse de moda unos artilugios diabólicos, que gracias a la pólvora, inventada por los habitantes de las lejanas tierras del Oriente, mataban sin remordimiento. Pero él seguía confiando en su acero, que tantas veces le había ayudado en los duelos celebrados en las pestilentes callejas de la ciudad. Jugaba, decíamos, distraído, sumergido en sus pensamientos, mientras escuchaba el ulular de las lechuzas y la música del agua fluyendo en la pequeña cascada que se encontraba a su lado. El lago parecía tranquilo, pero él sabía que en el fondo de las frías aguas, se encontraba su alma, atrapada en los brazos del hada que un día lo enamoró…


Oculta tras los árboles, apoyando su espalda en el tronco de un frondoso ejemplar, ella miraba hacia el infinito. Sus blancos tules habían sido rasgados por los arbustos en su huída desesperada. Su pecho, abultado y sensual, se agitaba nerviosamente, humedecido por el sudor de la carrera, y por el rocío que se posaba en su piel por la llovizna. Sus ojos igualmente, aunque perdidos en un mundo distante, estaban humedecidos y brillantes. El llanto llamaba a su puerta, y ella sabía que no podría impedirle el paso. Ella también jugaba, distraída, con un jirón de su falda. Sus párpados pugnaban por cerrarse, para permitir que las lágrimas resbalasen por sus mejillas, pero su mente, perdida en sus sueños, la hacía mantenerlos abiertos, pues le advertía del peligro de que, al ser cerrados, los sueños se tornasen pesadillas. El cántico de la cascada la recordaba aquella noche de verano, con la luna llena, como esa noche…El baño que se dio para paliar el calor, y al salir…su caballero…su salvador…la misteriosa figura que la enamoró…

¿Qué habrá sido del hada que se llevó mi alma? Se preguntaba él. Desde aquella lejana noche de verano, iba a diario a aquel lugar. Le preocupaba más el bienestar de la dama del lago, que su propia cordura. Las blancas vestiduras, pegadas a su cuerpo, traslúcidas, que invitaban a abrazarlo y protegerlo… La dama salió del lago. Él la miró, embelesado, y le ofreció su levita para protegerla del viento que mecía las hojas de los árboles. Ella respondió con una tímida sonrisa, bajando la mirada, en cierto modo temerosa. Él supo entonces que ese adorable ser, le acercaría a la locura. Pero la locura era un mal deseable, si por ella, podía tenerla entre sus brazos.

¿Por qué- pensaba ella- no responde a mi llamada? ¿Por qué-se repetía- vengo aquí cada noche, y me siento bajo la copa que un día nos sirvió de dosel, y él no aparece? Sin duda está inmerso en un duelo a muerte, un duelo eterno, que lo alejará de mi. El olor de su melena aún permanecía grabado en su mente. Si cerraba los ojos, y se dejaba llevar por sus sueños, lo olía…era tan dulce…que parecía pura miel en sus labios… El calor de la levita, la seriedad de su mirada…todo había sido un sueño, pensaba ella. Un sueño del que nunca debió despertar, pues nunca se repetiría. Las lágrimas, finalmente, brotaron de sus celestes pupilas. Cerró los ojos. La pesadilla empezó a ganar terreno a los sueños. Y le vio, alejándose en la espesura, jugando con su florete…

Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios. Pobre de mí- se dijo- que en mi ansia de encontrar a mi amada, me he dejado llevar por la locura. Mi dulce hada del lago no existe, sus blancas telas no bailan entorno a su cuerpo, mecidas por el viento. Nunca la vi, sólo fue un rayo de luna que, como el del poeta, fue confundido con su vestido. Pero…¿Qué veo? ¿No es aquella mi dama? No, claro que no. Los árboles sólo ocultan en sus sombras otro rayo de luna. Estoy enloqueciendo…de amor…No nací para vivir el amor, sino para soñarlo… Esta es mi condena, por un día fijar mis ojos en su azul mirada…

Ella gritaba, en silencio al parecer, pues su caballero no la oía. Él, vivía inmerso en sus recuerdos, en sus sueños del amor encontrado y perdido. Sólo la cristalina cascada los separaba…pero ellos, envueltos en sus pesares, ella en sus lágrimas, él, en su penitencia…no eran capaces de verse cada noche…pues sólo miraban al infinito, y no a su alrededor…

El Rincón de la Luna Oscura...


En las últimas noches, demasiadas ideas rondan por mi cabeza. Quizá el calor, quizá el retomar mi supuesta actividad "literaria", quizá los retazos de historias que siempre se quedan en mi mente, me han llevado a encender la llama de la vela del insomnio, y mientras la observo, analizo su dulce baile, me siento tranquila. Mi alma se ve reconfortada gracias a estos momentos en los que los cuentos, los personajes, las tramas y los escenarios, vienen a mi mente, en un mundo onírico, soñado, pero muy mío. Tras pensarlo mucho tiempo, he decidido darme una oportunidad, o más bien, darle una oportunidad a mi vena de escritora amateur, y, sobre todo, darle una oportunidad a la creación de un blog. En esta decisión, he de decir, ha influido mucho las conversaciones con algún que otro troll, así como la lectura de sus héroes y damas en apuros (que, en muchas ocasiones, intercambian sus papeles, siendo heroínas y caballeros en apuros, aunque aprezca extraño). Pero bueno, supongo que mis sentimientos necesitan salir, y no sólo en forma de blanparanoias, sino en forma de relatos. Espero estar a la altura de las musas, y de los posibles lectores de mis escritos, o de los que suba para introduciros en mis pensamientos, aunque no estén escritos por una servidora. Sin más, os deseo una feliz estancia en la penumbra que nos proporcionará este....mi Rincón de la Luna Oscura...